La vendimia de 2024 nos está demostrando que el cambio climático está ahí y es algo real, en algunas zonas del mundo estamos viviendo las llamadas «cuatro estaciones en un día», pasando de lluvias torrenciales, bajas temperaturas, a olas de calor y sequías extremas. Son muchos los sectores afectados, pero es especialmente el mundo de la agricultura el que se enfrenta a los mayores desafíos.
El sector vitivinícola no es inmune, y esta añada se presenta muy variada: algunas partes del mundo tendrán que luchar contra los daños causados por la lluvia y la consiguiente proliferación de microorganismos, mientras que otras se enfrentarán a los daños causados por la sequía y, por tanto, habrá una disminución de la productividad de las vides.
Estas condiciones pueden provocar situaciones desagradables en el viñedo y, como consecuencia, en la bodega uno se encontrará, por ejemplo, teniendo que vinificar uvas con pH elevados, tendrá que hacer frente a la contaminación microbiológica, a la incapacidad de controlar las altas temperaturas y, a continuación, tomará medidas para protegerse de los fenómenos oxidativos que estarán cada vez más presentes, limitando al mismo tiempo la pérdida de aromas y color.
Por tanto, la protección de la uva es importante desde el momento de la vendimia, y la intervención del enólogo es esencial para garantizar un producto final de calidad. En la elaboración de vinos tintos, por ejemplo, es necesario proteger, extraer y estabilizar el color lo antes posible.
La pérdida de intensidad aromática, los cambios de color durante el almacenamiento, el envejecimiento prematuro y los precipitados en la botella son situaciones indeseables tanto para los productores como para los consumidores.
La vendimia de uvas tintas tiene una ventana temporal amplia, lo que permite obtener tanto vinos jóvenes, frescos y listos para beber como vinos más estructurados y complejos destinados a una larga crianza.